Las pirámides de Tlalnepantla

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Las pirámides de Tlalnepantla

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En Tlalnepantla, dos edificaciones prehispánicas nos recuerdan cómo se formó nuestra historia e identidad, mismas que hoy son parte de nuestro patrimonio mexiquense.

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La pirámide de Tenayuca (lugar amurallado) fue un centro político rector fundado por los chichimecas-toltecas encabezados por Xólotl en el año 1250; quienes fueron vasallos de los mexicas de Tenochtitlán, después de la fundación de la Triple Alianza.

Años de olvido y de desprecio por todo lo indígena resultaron en la nula protección de la zona arqueológica de la cual se tienen reportes desde 1898, siendo hasta 1925 cuando formalmente se inicia con la exploración y conservación de la misma.

Actualmente está rodeada por casas y comercios, pero antiguamente contaba con una ubicación idónea para el pueblo pues estaba en la orilla norponiente del gran Lago de Texcoco, de donde se abastecían de materia prima para producir sal, mientras que de los ríos Tlalnepantla y San Javier sacaban agua y productos animales así como vegetales; y del cerro del Tenayo y de la Sierra de Guadalupe obtenían cantera para la construcción de monumentos y ciudades.

En este basamento, uno de los mejores conservados en el centro del país, se rendía culto a dos deidades principales: Tláloc (dios de la lluvia) y Huitzilopochtli (dios de la guerra y representación máxima del Sol).

piramide tenayuca tlalnepantla

Plaza Wichita

Su doble templo ubicado en la parte superior está realizado a semejanza del Templo Mayor, que es característico de la arquitectura religiosa del periodo Postclásico Tardío (1200 – 1521), mismo que fue agrandado en siete ocasiones; la más antigua construida alrededor de entre 1064 Y 1116, y la última entre 1450 y 1500. El techo estaría realizado en madera, con un grueso aplanado de cal; y decorado con piedras que asemejaban clavos, o bien cráneos humanos empotrados en el mismo aplanado.

Las superposiciones de las pirámides, una cubriendo a la anterior, es correspondiente al fin de un ciclo de 52 años y la ceremonia del Fuego Nuevo, marcada con el paso del sol por el cenit y el ocultamiento de la estrella Aldebarán. Esta ceremonia regeneraba el tiempo y aseguraba el renacimiento del Sol, dando inicio a una una época nueva cuya luz renovada iluminaría el camino de los hombres.

En este sentido hay que resaltar que la pirámide de Tenayuca es el único caso en el que se ha comprobado el ciclo de 52 años en cada superposición.

"Compréndese por consiguiente que la construcción de la escalera y la orientación del edilicio todo fueron obra deliberada. efecto de la observación del fenómeno de que se trata el día del tránsito del astro por el zenit de Tenayuca. Tanto más ofrécese al espíritu la posibilidad de creer en un intento deliberado en esa obra y no tomarla como resultado de una simple coincidencia cuanto que también el Templo del Sol en Teotihuacan la pirámide de Cholula y el edificio de los Guerreros en Chichen ltza (Yucatán) encuéntranse orientados similarmente Tenayucan y Teotihuacan distan muy breves kilómetros Cholula no se aleja gran cosa. En cambio Chichen Itza hállase a larga distancia; pero la diferencia en cuanto a latitud también es muy pequeña. Esto explica cómo los arquitectos de las cuatro ciudades al orientar sus edilicios con relación al mismo evento astronómico obtuvieron desviaciones semejantes con relación a la línea Este-Oeste. Sabiéndose en forma positiva que sus respectivos pobladores tienen nexos con la cultura que acostumbramos llamar toltecá (o si mejor se quiere ulmeca-tolteca) o recibieron influencias de ella no parece que deba extrañarnos el hecho de encontrar igualmente dispuestos varios notables edilicios en relación notoria con la línea del ocaso del Sol el día de su segundo tránsito por el zenit de la localidad; esto es el día importante del año en que el astro deja el dominio del hemisferio Norte para entrar por largos meses al meridional evento de sensible observación que determinó las fases del dualismo religioso y mitológico en que se informa esencialmente el culto solar de aquellos aborígenes". (Palacios; 1932)

Para la realización de este ritual, los sacerdotes acudían a media noche al Huixachtécatl (Cerro de las Estrellas), donde en representación de los dioses encendían el fuego sobre el pecho de un Tlazopilli (príncipe precioso) quien después era sacrificado y cuyo corazón era arrojado al fuego avivado en el brasero, para después ser acompañado por el resto de su cuerpo. Diversos escritos apuntan que estos sacrificios duraban hasta el lucero, cuando se aseguraba el nacimiento del Sol.

De acuerdo al Códice Borbónico, los sacerdotes tomaban este fuego y lo llevaban al templo de Huitzilopochtli, donde se colocaba  en un candelero de cal y canto que contenía copal. Este fuego era llevado a su vez a distintos aposentos hasta llegar a las casas de los pobladores.

Además de cubrir con tierra y piedras la pirámide de la época antigua para formar una más grande y espectacular, los pobladores vestían ropa nueva, cambiaban sus petates, estrenaban alhajas, hacían danzas y celebraban; incluso las vajillas viejas se rompían para estrenar nuevas piezas. Esto era una verdadera fiesta que se acompañaba con alimentos a base de huautli (amaranto), como figuras de Huitzilopochtli hechas de tzoalli (masa de semillas de amaranto con miel de maguey).

Esta construcción de estilo azteca tiene una plataforma Coatepantli o Coatenamitl (muralla de serpientes) con una dimensión de 60 cm. y con 68 mts. en los lados oriente y poniente y 76 mts. en los lados norte a sur. Las 138 serpientes de distinta forma y tamaño están hechas de piedra y mezcla de cal y todavía preservan un poco de los colores con los que fueron pintadas, conforme a la teogonía prehispánica en la que se representaba el día y la noche.

Las serpientes que adornan el lado sur y las de la mitad del lado oriente, estaban pintadas de color verde y escamas marcadas con líneas negras; mientras que la otra mitad del lado oriente y las del norte estaban pintadas de rojo (parte inferior) y negro (parte superior) con círculos concéntricos blancos. 

"Y el llamado Tochancalqui

puso fuego a la serpiente hecha de teas llamadas Xiuhcóatl,

que obedecía a Huitzilopochtli.

Luego con ella hirió a Coyolxauqui,

le cortó la cabeza,

la cual vino a quedar abandonada,

en la ladera de Coatépetl,

montaña de la serpiente"

-Extracto del mito del nacimiento de Huitzilopochtli-

Las xiuhcóatl (serpientes de fuego que representan el rayo solar), ubicadas en los lados sur y norte, indican la posición del sol durante los solsticios.

 

piramide santa cecilia tlalnepantla


Al nivel del primer escalón se encuentran habitaciones que probablemente pertenecieron a los sacerdotes, y que estaban construidas con material perecedero.

Debido a la orientación de la pirámide hacia la estrella Aldebarán, la más brillante de la Constelación de Tauro (El Toro), los investigadores señalan que esta pirámide está dedicada a la puesta del sol, ya que en la cosmovisión indígena esta gran estrella anaranjada es la representación de Yohualtecutli (Señor de la noche).

Al respecto, se decía que el Colibrí de la Izquierda o el Colibrí Zurdo, como era conocido Huitzilopochtl, al sobrevolar el cielo devoraba las sombras de los humanos llevándose así los males.

Junto a la pirámide ubicada en la zona arqueológica conocida como Tenayuca I, se encuentra el Templo de San Bartolo. Cuando vayas fíjate en sus muros, pues en ellos verás piedras que alguna vez formaron parte de la zona arqueológica y que con la llegada de los españoles en el siglo XVI fueron removidas para ser usadas en la construcción de la iglesia, misma que el 24 de agosto realiza su fiesta patronal en honor a San Bartolomé Apostol.

parroquia san bartolome apostol tlalnepantla

En el Museo Xolotl, que está a un costado, se encuentra una maqueta con la que podrás complementar tu conocimiento. Además podrás ver piezas del pueblo que ahí habitó, considerado uno de los grupos étnicos con mayor importancia en el Valle de México, cuyos integrantes eran conocidos por ser nómadas, belicosos, cazadores y recolectores.

 museo xolotl tlalnepantla

Por otra parte, lo que se conoce como la zona arqueológica de Tenayuca o Tenayuca II, es donde se ubican los vestigios de lo que en algún momento fue una zona habitacional prehispánica de los chichimecas-toltecas, quienes se asentaron en las zonas altas de la Sierra de Guadalupe y el Cerro Tenayo.

De acuerdo a las investigaciones, los ocupantes de esta zona eran personas de alto rango de la sociedad. Sus hogares fueron realizados con adesita, piedra extraída del Cerro Tenayo, y tenían techos de madera, mientras que sus muros y pisos estaban cubiertos de una capa delgada de estuco (cal y arena).

Esta zona se encuentra a trescientos metros del centro ceremonial y es lo que se pudo recuperar de los antiguos asentamientos pues todo lo demás está bajo las construcciones modernas o fue destruido con los mismo fines.

Fue en el año de 1983 cuando se descubrieron las ruinas al realizarse la introducción del drenaje en la escuela “Justo Sierra” de Tenayuca.

Se descubrió un conjunto habitacional, un juego de pelota, restos de un centro ceremonial de la nobleza chichimeca, el fogón de una casa con restos de alimentos, el baño de mujeres y un a gran cantidad de objetos, tales como vasijas, ollas, jarros, incensarios, piedras esculpidas, cucharas, copas pulqueras, estatuillas, figuras de mujeres hincadas, figuras de animales.

De acuerdo al archivo histórico de Tlalnepantla: "Más, para un descubrimiento integral de la zona –según opinión de la especialista Gutiérrez Vera --, se hacía indispensable realizar excavaciones en un área superior a la mitad superficial de Tenayuca, lo que requería un presupuesto elevadísimo que el INAH declaró estar fuera de sus posibilidades económicas. Ese factor, aunado a la oposición de los padres de familia de Tenayuca para que las excavaciones continuasen, temerosos de perder la escuela de sus hijos, determinó que las obras fuesen suspendidas definitivamente. Se calculó entonces todo lo que habría de quedar oculto bajo tierra y se procedió a tapar lo descubierto, a fin de proteger contra la acción del tiempo, y fue así como algo que estuvo a punto de enriquecer nuestro acervo cultural y suscitar quizá rectificaciones históricas, habrá de continuar durmiendo bajo el suelo de Tenayuca su sueño de siglos".

 

 

En otro punto de Tlalnepantla, encontramos que parte de la extensión de dominio de esta cultura se encuentra en la zona arqueológica de Santa Cecilia Acatitlán (lugar de los carrizos).

Se le da el nombre de Acatitlán por la gran cantidad de carrizos que crecían en este lugar que se encontraba a orillas del Lago de Texcoco.

Hoy en día se aprecia una edificación que parece ser una pirámide, ya que en los años sesentas se realizaban reconstrucciones con base en los datos históricos, en lugar de preservarse el lugar tal y como se encontró, como se hace ahora. Es por esto que lo que hoy vemos en Santa Cecilia es un basamento piramidal; reconstrucción hecha por el arqueólogo Eduardo Pareyón, con base en fuentes indígenas sobre la cultura mexica. Asimismo encontramos una piedra de sacrificio e incensarios de gran tamaño a los lados, además de una escultura de Chac Mool.

A un costado de la zona arqueológica, en el Museo de la Escultura Mexica Dr. Eusebio Dávalos Hurtado, podemos apreciar una importante colección de piezas de piedra y cerámica mexica; y una exhibición del comedor y la cocina propios de una casa de finales del siglo XIX, que son de la época a la que pertenece este inmueble.

Resultan de gran interés estas zonas prehispánicas que aún se preservan, pues se conoce por los locales y las investigaciones, que en esa área muchas edificaciones prehispánicas fueron destruidas o cubiertas para dar paso a la construcción de viviendas habitacionales recientes y otros inmuebles.

Aunque habrá que recordar que en el 2012 el teocalli y tres muros de la pirámide de Santa Cecilia sufrieron de vandalismo al ser grafiteados, por lo que no se permitió el paso al público con motivo de su restauración y protección.

Como dato curioso, se sabe con base en los Anales de Cuautitlán que Quetzlcóatl pasó por Santa Cecilia Acatitlán en su huída rumbo a lo que hoy se conoce como Chichen Itzá. Mientras que locales mencionan que en las cuevas de los terrenos que hoy forman parte del panteón Jardines del Recuerdo, los indígenas acudían a realizar ritos y llevar ofrendas.

 

Horario

Zonas Arqueológicas: Lunes a Domingo de 10:00 a 17:00 horas.
Museos: Lunes a Domingo de 10:00 a 17:00 horas

 

Costo

Museos y zonas arqueológicas (Tenayuca I y Santa Cecilia Acatitlán): 50 pesos. Los domingos la entrada es gratuita.

Zona arqueológica Tenayuca II: gratuito

 

Consejos

  • Acude el día del equinoccio y solsticio.
  • Destina de 30 a 45 minutos para recorrer cada zonas arqueológica.
  • Puedes comer en alguno de los restaurantes o locales que se encuentran alrededor o dirigirte a alguno de los centros comerciales que están a menos de 10 minutos de cada centro arqueológico.

 

¿Cómo llegar?

tenido de esta página es propiedad de REGIÓNMX® y está protegido bajo el derecho de autor y la propiedad de marca. Cite la autoría de esta información correctamente. Siga visitando www.regionmx.com Todos los Derechos Reservados Pirámide de Tenayuca: Calle Quetzalcóatl s/n, San Bartolo Tenayuca, 54150, Tenayuca, Tlalnepantla de Baz.

tenido de esta página es propiedad de REGIÓNMX® y está protegido bajo el derecho de autor y la propiedad de marca. Cite la autoría de esta información correctamente. Siga visitando www.regionmx.com Todos los Derechos Reservados Zona Aquerológica deTenayuca II: Circuito Pirámide 51, Fraccionamiento Izcalli Pirámide II, 54140, Tenayuca, Tlalnepantla de Baz.

Zona arqueológica de Santa Cecilia: Callejón del Tepozteco, s/n, pueblo de Santa Cecilia Acatitlán, 54130, Tlalnepantla, Tlalnepantla de Baz.

 

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Fuentes: INAH / Archivo Histórico de Tlalnepantla / Historia Cocina /

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